Trabajar para servir, servir para ser felices. (II) Por: @intersuficienciasomos

Cuando chica quería ser peluquera y veterinaria, eso era de lo que iba vivir, y paralelo a eso soñaba con ser diseñadora de vestidos de novia, actriz, bailarina, pintora, compositora y directora de orquesta. Con dos palitos dirigía una orquesta imaginaria y cantaba “fili termópiles”, que años después me enteré de que la letra decía “la donna è mobile” (jejeje).

Además de la ternura que me provoca ese recuerdo, siento curioso (y triste) que desde tan pequeña haya tenido integrada la idea de que lo que me apasionaba hacer no sería suficiente y de que necesariamente debería tener un “trabajo”, como si lo anterior no pudiera serlo. Muchas generaciones crecimos con esa idea: “el éxito sólo llega a punta de sacrificio y, más aún si son carreras artísticas, te será imposible vivir de eso”.

Al terminar la etapa escolar sentí la elección de la carrera como una presión más que un deseo de comenzar a aprender algo que me interesara. Como muchxs, sentí miedo, miedo de una decisión de vida o muerte, porque el sistema plantea así ese momento, como algo que va a determinar por completo tu futuro y no como lo que realmente es, un primer paso en la búsqueda de la forma en la que quieres comenzar a construir el resto de tu vida. 

Junto a eso la economía, que interfiere directamente en el sistema educacional, busca convencer de que la ruta correcta es el título universitario, diplomado, magister, doctorado y puertas del cielo. Desde esa premisa te desafío a buscar información de cualquier personaje histórico, desde Violeta Parra hasta Leonardo Da Vinci pasando por la infinita y variopinta gama que existe, y te encontrarás con que sus áreas de desarrollo están muy lejos de ser lo que hoy se considera como correcto o exitoso: la especialización a fondo en una área única.


Es sano entender que no necesitamos profundizar en una sola área, que no está mal que nuestros intereses naveguen por muchas y que no necesitamos transformarnos para calzar en un sistema deforme. La interdisciplinariedad es un valor tan crucial (para el correcto aprovechamiento de nuestras habilidades) como menospreciado (por una sociedad que mutila nuestras aptitudes para hacernos calzar con las necesidades del sistema) y entender el éxito desde una mirada inmaterial, lejos de hacernos la vida difícil, puede llenarnos de herramientas que ninguna institución de educación formal nos podría entregar.


Hoy, que tengo la fortuna y la oportunidad de vivir de lo que me hace sentir plena, a veces se me vienen preguntas como: -¿pero cómo me van a pagar por eso si es tan fácil? o -¿cómo me van a pagar si es tan entretenido?, pero poco a poco voy entendiendo que eso no debería sorprenderme y que, en una sociedad justa y en equilibro, así es como debiera funcionar el sistema: dando desde lo que tenemos, recibiendo lo que necesitamos y permitiendo que se genere esa armónica dinámica donde cada unx puede desenvolverse desde su pasión y experticia para lograr un objetivo común.



Dani Valenzuela

@intersuficienciasomos

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