Permacultura. Por @intersuficienciasomos.

¿Por qué de pronto nos vimos toda/os pidiendo un cambio social tan radical? 

Y no estoy hablando únicamente del estallido social.

Poco a poco vemos cada vez más recurrente las palabras sustentable, ecológico, lento, consciente, responsable, orgánico y todos sus derivados y, a eso, poco a poco se suman también las empresas, que al notar mayor demanda por parte de la población de productos ligados a eso, buscan responder adaptando su producción a la figura que más venda, lo que nos exige ser consumidora/es aún más atenta/os, dado que la mayoría de las veces esa “adaptación” no es más que un empaque café o una palabra escrita con una linda tipografía en letras verdes.

Sin duda es un aporte que esta terminología se haya vuelto tan habitual, ya que pone un trascendental tema sobre la mesa, pero no podemos dejarnos engañar y hacernos creer que reciclando basta, o que con inspirarnos de un par de cuentas de Instagram tenemos el trabajo hecho. Muchas veces corremos el peligro de que tanta información termine por inmovilizarnos y nos deje en “la idea de lo sustentable” sin hacer un cambio real en nuestras vidas. 

Evidentemente son procesos, cada una/o a su tiempo, pero siempre atenta/os a no dormirnos en las buenas intenciones.

La búsqueda de un estilo de vida más amigable con el entorno no es nueva, ya lo habían intentado mucha/os antes que nosotra/os y por eso mismo es tan valioso unir nuestras prácticas a las ya existentes, porque de esa forma estaremos tejiendo una historia de generaciones tomadas de las manos y trabajando -aunque a destiempo- juntas por una causa común, e iremos reconstruyendo estas prácticas de la mano de nuestros propios descubrimientos.

En la década del 70’ Bill Molison y David Holmgren se unían para dar cuerpo a algo llamado Permacultura, término que hoy -casi 50 años más tarde- pareciera ser el camino de regreso a la buena vida y la más linda esperanza para estos tiempos.

El origen de la permacultura está en Australia, por lo que en inglés la palabra es Permaculture, que proviene de Permanent culture

Permanente: Del latín permanentis. Que está todo el tiempo en el mismo lugar.

Cult: Del latín. Del acto de cultivar.

Ura: Del latín. Sufijo. Resultado de la acción. 

En resumen es Cultura Permanente: Actividad de cultivar que nunca se detiene.

No sé si es la definición que suena mejor o la más técnica, pero es la etimológica y la que mejor representa mi experiencia en la permacultura, algo que está permanentemente en acción. No me siento quién para explicarte lo que es la permacultura en una definición, pero sí puedo compartirte cómo la vivo yo.

En la primera clase de mi formación de Diseño en Permacultura, Pedro -uno de los formadores- nos pidió escribir en la primera página qué era permacultura para nosotra/os. Confieso que si bien conocía el término hace bastantes años, no tenía la más #!$% idea de cómo definirlo. Finalmente lo que escribí fue: “Es el diseño de modelos de vida integrales, de acuerdo a los ritmos, patrones y ciclos de la naturaleza”.  

Si hoy lo leo ¿Siento que sigue representando parte de lo que es para mi? Sí. ¿Y suena bonito y formal? Sí, pero indiscutiblemente es infinitamente más que eso. 

La permacultura la definen (otra/os) como un sistema de principios que rigen las esferas medioambiental, social y económica, usando la naturaleza como guía y entendiendo al ser humano como parte de una red infinita de interconexiones que nos ligan tanto, al nivel de que un estornudo en China puede llegar a enfermarnos en Chile. 

Para llevar la permacultura a la práctica es necesario que entendamos lo mejor posible sus múltiples dimensiones, desde los modelos de vida a pequeña y gran escala, pasando por los ciclos estacionales, las relaciones ecológicas, los modelos de sistemas vivos, el clima, los ciclos del agua, la topografía, los suelos, los métodos de diseño, hasta temas tan prácticos como preparados para las plantas, diseño hidrológico o bioconstrucción. Todo eso y más, con el objetivo de llevar esas lógicas a nuestro día a día y poder experienciar el hecho de que los patrones de la naturaleza, cuando salen del entorno natural y entran a nuestros hogares, toman aún más fuerza y son capaces de permear nuestras decisiones a la hora de relacionarnos socialmente.

Actualmente, el sistema mantiene las esferas social, medioambiental y económica intencionalmente alejadas e imposibilitadas de relacionarse, dado que si esto ocurre se evidencia su mayor debilidad: Que no ha sido capaz de “alimentar a los tres hijos por igual” y que voluntariamente ha optado por nutrir la esfera económica a costa del sacrificio de las otras dos, quienes han tenido que vivir por años sosteniendo a ese gran “hermano gordo” cuando, mal alimentados, sus bracitos ya no tienen fuerza.

Las áreas económica y medioambiental fueron las primeras en vivir profundos cambios cuando comencé a cuestionar mi forma de vivir y decidí tomar un nuevo rumbo en miras al bien común. Estaba claro que debía comenzar a cuestionar mi consumo y la relevancia que tenía en mi vida el cuidado del entorno y todas sus formas de vida, y las consecuencias que le acarreaba mi manera de consumir. Desde mi análisis, eso estaba directamente relacionado, pero lo social/político estaba borroso, no veía con claridad cómo podía hacer modificaciones concretas en esa dimensión. Esto fue aclarándose con el tiempo y poco a poco fui perdiendo el miedo a constituirme como un ser social/político. 

Hoy escucho frecuentemente las frases: “yo soy apolítica”, “no se trata de hablar de política” o “no es que me quiera meter en política”, ¡y es que lo entiendo tanto!, porque las formas de hacer política de todos estos años han estado tremendamente alejadas de la realidad de las personas, pero creo que ya es hora de perder esa distancia. 

Se nos metió en la cabeza por años que hablar de política era mala educación o que podía ofender a alguien, era algo de lo que simplemente no había que hablar. Y no era casualidad. Mantener a los ciudadanos en silencio político era la forma de sostener la manera de legislar que nos llevó al colapso de las instituciones que vivimos hoy. Era necesario distraer a las personas de ese foco para que quedara solo en manos de alguna/os. “No! eso es mala educación. Tú no hables de eso, ocúpate de gastar tu sueldo en cosas que te gusten y busca tu felicidad ahí. ¿Política?, eso déjaselo a los políticos.”

¿Cuál fue el resultado? Una sociedad sin educación cívica, donde poco se sabía cómo operaba el sistema, personas desinformadas de sus propios derechos y/o que al momento de estar frente a la urna podían no tener ni un solo argumento sólido para emitir su valiosísimo voto. 

La permacultura busca precisamente eso, integrar todas las áreas que constituyen a una sociedad para sostener un sistema sano. Hemos visto con nuestros ojos qué ocurre cuando lo económico, lo medioambiental y lo social no se conectan y hemos sido testigos, o tal vez experimentado, las graves consecuencias de eso.

El mundo nos pide mirar hoy eso que quisimos ignorar por tanto tiempo porque nos incomodaba y nos pide abrazarlo e incorporarlo como la realidad que es y con el nivel de importancia que merece, solo de esa forma podremos hacerle frente y producir los cambios necesarios. Asimismo, estamos empezando a visualizar lo hermoso que ocurre cuando tímidamente nos unimos y comenzamos a trabajar por eso… ¡No paremos! Los cambios no ocurren solos y hoy es la oportunidad de actuar para construir esa sociedad que anhelamos.

La pregunta es ¿qué viene post pandemia?.

¿Seguiremos actuando de la misma forma?, ¿queremos hacer filas en las multitiendas para tener una prenda de vestir nueva hecha por las manos de quien sabe quién, quién sabe dónde y a qué costo?, ¿queremos seguir teniendo en agenda cosas que no nos hacen sentido?, ¿queremos seguir llenándonos de los químicos que traen los alimentos industrializados?, ¿queremos solo quedarnos con que “yo consumo orgánico”? o ¿queremos ir más allá y saber que lo orgánico solo garantiza el no uso de químicos, pero que puede ser parte de un monocultivo igual?, ¿dar un poquitito más y hacer un poquitito más de lo que ya veníamos haciendo?, ¿queremos, al fin, tomar las riendas de nuestra vida, de nuestra alimentación y sentirnos plena/os desde dentro?.

Me encantaría hablarte también de soberanía alimentaria para acercarnos un poco a esas preguntas, pero dejémoslo para otra conversación porque es un tema largo que da para muchísimo más. Por ahora te invito a investigar del concepto si no lo conoces, porque si estás en este sitio te aseguro que te va a interesar.

Por ahora te dejo un regalito: 

Los principios éticos de la permacultura.

  • Cuidar la tierra y todas sus formas de vida.
  • Cuidar a las personas.
  • Compartir con equidad.

Te invito a pensar cada uno de ellos y a evaluar maneras de aplicarlos desde tu lugar o idear maneras de fortalecerlos si es que ya llevas tiempo recorriendo los caminos del bien común. 

Y recuerda que no tienes que seguir el ritmo de nadie más que el tuyo y que no importa la cantidad de lo que hagas sino el nivel de honestidad y corazón que le pongas. 

Así que no te apures, te invito a dar lo mejor y, sobre todo, a disfrutarlo.

Sigamos trabajando junta/os apoyándonos la/os una/os a la/os otra/os y, como alguien dijo por ahí, “¡La revolución será a favor de la tierra, o no tendremos donde hacerla!”.

Dani Valenzuela

@intersuficienciasomos

Stgo. 12 de agosto de 2020

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