Mindfulness

Hace años que comencé con la idea de querer “tranquilizar mi mente”. Probé muchas modalidades, incluso fármacos para detener el cortisol que invadía mi cuerpo cada vez que me enfrentaba a una situación de stress. Las terapias con la psicóloga no estaban dando resultado y llegué a tal punto que comencé a tener “crisis de pánico”. El miedo a perder el control me llevó a limitarme en muchos ámbitos de mi vida como el no querer pasar por túneles e incluso no subirme a un ascensor. Difícil situación cuando tu contador trabaja en el piso 18 de una torre en providencia.

Hasta que un día subí los 18 pisos por las escaleras con los archivadores para la hacer la declaración de impuestos. Al llegar a la puerta de la oficina había un letrero que decía “nos mudamos al piso 1”. Me senté en un peldaño de la escalera y riéndome de mi misma tomé la decisión de parar. Me observé y me vi con ternura y me dije, basta, esto lo solucionaremos ahora mismo.

Había practicado la meditación, pero siempre encontraba que mi cabeza tenía “mucho ruido” y que no podía hacerlo, y desistía, pero ese día todo cambió. 

La necesidad profunda de calmar mi forma de reaccionar frente a situaciones de stress me llevó a volver a la práctica de la meditación, que hasta el día de hoy tengo como hábito diario. Cambiaron muchas cosas en mi, sobretodo rechazar el concepto irreal de perfección y que si las cosas no resultaban eran por otros factores y no debido a mi esfuerzo o entrega.

Por eso ahora les comparto la filosofía del Mindfulness.

La traducción del inglés sería Atención plena, y es la base de un trabajo personal que nos permitirá vivir de forma consciente. Es decir, siendo plenamente presentes en cada acción que hacemos mientras dejamos que la vida fluya. Se practica como una manera efectiva de reducir el estrés, aumentar la autoconciencia, reducir los síntomas físicos y psicológicos asociados al estrés y mejorar el bienestar general.

El llamado multitasking –hacer muchas cosas a la vez– es otra forma de complicarnos la vida absurdamente, ya que lo único que logramos es agotarnos más rápidamente y multiplicar los fallos que al final nos hacen perder tiempo.

La simplicidad de los monjes zen que ponen toda su atención en una sola cosa –lavar papas, caminar, meditar–, que ha inspirado el mindfulness, encierra otra gran clave para la vida simple.

A veces nos estresamos porque vivimos pendientes de lo que tenemos que hacer después, de lo que todavía no ha pasado, de lo que quizá podría o tendría que ocurrir... Mindfulness te enseña a prestar atención de manera consciente a la experiencia del momento presente, con interés, curiosidad y aceptación. 

La atención plena nos ayuda a recuperar nuestro equilibrio interno, atendiendo de forma integral a los aspectos de la persona; cuerpo, mente y espíritu.

La práctica de la conciencia plena en la vida cotidiana

Ya sabes qué es el mindfulness, y una vez dominada la práctica, será el momento de transportarla al día a día. No necesitaremos ningún espacio o logística especial, simplemente incorporar esta actitud de conciencia plena en nuestras rutinas.

 -Por la mañana despierta el cuerpo al nuevo día

Antes de levantarse de la cama, aún con los ojos cerrados, siente tu cuerpo y como la respiración lo llena y lo vacía.

Toma conciencia del nuevo día, no de las tareas que tienes de antemano, sino el día que te acompañará dale la bienvenida.

Si conoces la práctica, dedica de 10 a 30 minutos a meditar.

 

  • Desayuna saboreando los alimentos y con el tiempo suficiente para ser consciente de lo que comes. Aplica la misma atención consciente a todas tus rutinas de autocuidado.  Mírate al espejo, estás espléndida y sale al mundo a disfrutar.

  • En el trabajo ejercita la concentración

Aprovecha el trabajo para trabajar la concentración. Planifica tareas concretas y asequibles y no dejes que nada te distraiga para llevarlas a cabo.

El trabajo también es un buen espacio donde practicar la aceptación activa que nos lleva a relativizar el sufrimiento y los conflictos. Practica la escucha activa y la comunicación slow.

  • Por la tarde desconecta

Tan pronto hayas salido del trabajo, volviendo a casa, o sentado en un banco en plena calle, resérvate cinco minutos para cerrar los ojos y respirar profundamente. Cinco respiraciones que te permitan volver a centrar la atención en ti mismo. Y entonces, camina o conduce siendo consciente del trayecto y saboreando el momento.

  • Si practicas deporte, juegas con los hijos, haces música, danza o pintura … Hazlo al 100%. Será el momento ideal de apagar el celular, de dejar los pensamientos laborales y las preocupaciones de lado para saborear el lujo del tiempo de ocio que la tarde te ofrece. 

  • Por la noche conéctate con tu vida familiar y disfruta

Cena alimentos saludables, mira una película o practica sexo sin prisa. Que las noches sean placenteras, controla los tiempos para terminar el día de forma relajada. Una copa de vino siempre es un placer a esa hora del día.

¡Verás como te levantas con energías renovadas!

 

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