El diario vivir, tu gran obra maestra. Por @tanyaureta

El día comienza con un despertador que suena. Somnolienta te diriges al baño para comenzar la preparación de lo que marca el inicio de un nuevo día. Y esta nueva oportunidad de hacer todo lo que quieras se teñirá de una gama de matices, dependiendo del lente con el que decidamos observar lo que se acerca. Pensemos en una película con la pantalla dividida. La misma protagonista en ambas historias, pero con una reacción diferente a los sucesos que ocurren. La de la parte superior se desanima cuando se entera a primera hora que olvidó comprar café, y sale de la casa convencida que su día seguirá marcado por eventos similares. ‘- Dios, que mala forma de partir el día -’, se dice a sí misma.

En la parte inferior de la pantalla tenemos a la misma mujer, transitando la misma situación, pero cuando observa que falta su brebaje favorito, esta decide apurarse para alcanzar a probar el que venden en la nueva cafetería de la esquina. Y su día comienza conociendo algo nuevo y sin mayores contratiempos. Es más, ahora está feliz porque tiene un lugar nuevo donde comprar el tan anhelado café de la mañana.

Ahora les pregunto: ¿Quién creen ustedes que terminará teniendo un mejor día? ¿Y esto será porque consiguió finalmente su café de la mañana, o porque decidió ver con otros ojos el contratiempo que se presentó?

Tenemos el poder de pintar del color que queramos nuestras aventuras, pero por lo general este grandioso atributo lo ponemos en manos de eventos externos. La jornada se gana la connotación de “buena” o “mala” dependiendo de lo que nos ocurre en el día, y bajo este prisma, cedemos nuestro poder a sucesos que por lo general se escapan a nuestro control: Una gratificación de tu superior podría marcar un buen día, mientras que si te cruzaste con alguien que andaba de malas ya tu jornada se fue al carajo. El color de tu experiencia de tiñe colores luminosos si tenemos una ausencia de eventos incómodos, o bien por la presencia sorpresiva de excelentes noticias. Mientras que un “mal día” se ve representado por una seguidilla de sucesos que entorpecen tu rumbo, hasta llegar negra a tu casa para cerrarlo rápidamente.

Y si nos conformamos con esta forma de análisis, considerando que es prácticamente imposible que no tengamos al menos un evento diario que se escapa a nuestro control, ¿qué probabilidades reales existen de que finalmente tengas un día considerado como bueno? Son muy pocas! Y depende de nosotros el color con el que pintamos la vida, no de los eventos que nos ocurren. Puedo reclamar desde temprano porque hace frío, porque olvidé lavar esa blusa que tenía pensado usar, porque tengo sueño, porque el jarro de agua se dio vuelta en el mesón de la cocina, porque el Metro va lleno, porque me pilló la lluvia en el camino y no traje paraguas, porque esa compañera de trabajo me respondió pésimo, etc. Si pensamos bien, estos sucesos inesperados, y muchas veces desafiantes, ocurren todos los días. Siempre. Incluso agrupados de a varios por día. Y por lo general nos enfocamos en lo que rompe nuestro status quo para determinar el color que tendrá ese capítulo diario.

¿Por qué tendemos a creer que los sucesos desafiantes pesan más que lo hermoso que apreciamos? La verdad es que no tiene por qué ser así, pero nosotros decidimos darle un peso específico mayor a lo que nos rompe el esquema, versus lo que lo construye. ¿Cuántas veces nos detenemos en la mañana a observar lo lindo del cielo? O el color de ojos de la persona que sienta al lado tuyo en la micro? O a saborear gustosamente el sabor de tu comida? Por qué mejor, no comenzamos a equiparar la balanza?

Y así finalmente entenderemos que los milagros hermosos de la vida no esperan a la vuelta de la esquina. No necesariamente son grandes eventos, por lo general están escondidos en pequeños detalles. Puede ser el color de unas flores camino al trabajo, o el olor a pancito tostado cuando tienes el estómago vacío. Y por otro lado, ¿por qué mejor no alivianamos el peso que tienen los contratiempos diarios? ¿Es tan terrible confundirse en la numeración de la casa que visitas, si vas con tiempo? ¿Tanto se entorpece tu día si se mojan un poco tus zapatos en un charco? ¿Logras reírte de ti misma cuando notas que te equivocaste en la dirección del metro? Porque al final, si lo pensamos bien, la vida es una bella secuencia de sucesos donde la presencia de uno esta determinada por el suceso anterior, como una cadena de acciones y reacciones que continúa eternamente. Para que ocurra un nacimiento, deben haber dos personas que se hayan conocido. Para que comience el crecimiento de una planta, la semilla necesariamente debe pasar por el proceso de germinación. Y tus pensamientos determinan tus sentimientos, estos infieren sobre tus actitudes, y los actos van a derivar en las acciones que lleves a cabo. Por lo mismo, se dice que eres el arquitecto de tu destino, porque depende de ti los pensamientos que generas, las situaciones que predispones, la actitud que adquieres frente a un suceso determinado, y finalmente, el orden de actos que llevas a cabo frente a lo que la vida te presenta. Por lo mismo es que, cuando tenemos un mal día, todo lo malo parece llegar junto. Parece que el Universo se hubiese ensañado contigo. Pero lo que determina esa concatenada de eventos tiene más relación con la actitud que tuviste frente a ellos, que con los eventos en sí. Tu decidiste que era un mal día, y eso tiñó de oscuro todo lo que podría venir en el camino.

Por lo mismo es que te invito a comenzar el día agradeciendo la hermosa oportunidad que tienes de comenzar un nuevo capítulo, porque cada día es potencialmente el mejor o peor día de tu vida. Y esa potencialidad depende de ti. Contempla lo que pasa a tu alrededor, respira profundo y ayúdate a bajar revoluciones, descubrirás que en cada momento hay un pequeño lujo que te regala la vida.

Por favor, permítete perder 5 minutos y saborea tu almuerzo, detente en el camino de vuelta a casa y sácate los zapatos en el pasto, cambia la ruta diaria por un camino alternativo y disfruta el paisaje. Y frente a situaciones complejas, porque quieras o no van a ocurrir igual, obsérvate. Evalúa si tu reacción está a la altura real del suceso, si el componente emocional y la energía que depositas ahí te ayuda a resolver el conflicto. ¿Es tan terrible lo que ocurrió? Sólo hazte esa pregunta. Si la respuesta es sí, permítete sentir todo lo que haya que sentir, pero luego recuerda que el día sigue, y que tienes el superpoder para teñirlo del color que tú quieras. Ahora, si somos honestas, en la vida cotidiana la mayoría de las veces esta respuesta es negativa.

Por lo que, cuando detectes que estás oscureciendo de más tu realidad, busca la forma de salir de ese estado mental. Y para ello hay tantas técnicas como personas en el mundo: Ríete, canta, escribe lo que sientes, realiza alguna actividad que te dé placer, sal a dar un paseo, toma un vaso de agua, respira profundo un par de veces, hazle cariño a tu mascota. La mejor técnica la reconocerás cuando la utilices, así que pruébalas todas. No hay recetas de cocina para esto, lo único importante es lograr un cambio en tu actitud en tu momento presente.

Es sólo eso lo que se necesita para dar el giro que esperas a tu vida. Te prometo que no es tan complejo. Decídete a cambiar el switch, y no pierdas más tiempo valioso de felicidad, que la vida se pasa en cada momento que termina.

5 comentarios

  • Exacto, me encanto. Creo que en el fondo de nuestro corazón sabemos eso, pero no logramos practicarlo del todo. el mayor premio es llegar a ser cociente de todo eso.

    catalina
  • Muy buen análisis!!! Me encantó a seguir viendo de manera pro-positiva lo que nos va aconteciendo en el día a día!!
    Y ser los propios ejecutores del cambio que queremos en nuestra vida!!

    Constanza
  • Es tan verdad! pero es tan difícil detenerse y no sentir de forma visceral y reaccionar sobre eso. Ojalá tuviéramos el poder de teñir todo de colores pasteles o vivos, pero somos seres humanos también se vale sentirnos como el negro más oscuro o como el rosa más lindo. Pero sí, depende de nosotros el cómo nos tomamos las cosas que nos pasan y de qué forma llevaremos el día a día. Debemos empujarnos a tomar consciencia de eso, trabajarlo y así aprender a tener más control sobre nuestro día a día. Besos Tanya!

    Andrea
  • Que hermoso y bien sintetizado está todo. Me encantó leerlo, muchas gracias.

    Daniella bello
  • Me encanta… tan cierto… al final la felicidad esta en nuestras manos.

    Antonia

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