El amor propio: Tu primera bandera de lucha. Por @tanyaureta

“Para encontrar el amor que buscas, encuéntralo primero en tu interior.
Aprende a habitar ese 
lugar dentro de ti.
Ese es tu verdadero hogar” 
- Sri Ravi Shankar. 

La búsqueda de un mundo mejor es algo que actualmente no se encuentra ajeno a nadie. Lo vemos en las redes sociales, en campañas publicitarias; pareciera que de pronto la sustentabilidad, la ecología y el movimiento por una vida consciente son conceptos que se han puesto de moda. Y la verdad es que creo que, si esto nos ayuda a generar más consciencia y visibilizar una búsqueda que nos atañe a todos, es una moda que no incomoda en absoluto. El problema surge cuando la coherencia entre lo que está afuera y nuestro mundo interior no nos acompaña. Y no porque sea pecado manifestarse sobre lo que creemos importante, ni tampoco porque haya un orden específico de tareas antes de desarrollar tu preocupación por lo que nos rodea. Es más simple que eso. Desde el momento que buscamos cambiar el mundo exterior sin tocar eso que mueve nuestra brújula interna, difícilmente podremos sostenerlo en el tiempo. Y todas esas hermosas iniciativas, sobre el cuidado del prójimo y de cómo llevar una vida plena, se apagarán lentamente. Como ese día que comenzaste la última dieta. O ese proyecto que iniciaste buscando sólo un beneficio económico. 

Y seguro crees que cuando buscas vivir una vida más consciente, lo haces desde el amor. Pero, dónde queda el amor propio en esta ecuación? 

Esto lo pregunto porque la energía del amor es una sola. Quizás es más fácil si pensamos en la siguiente metáfora: Los seres humanos somos como pequeños recipientes, donde su contenido (que simboliza el amor) es aquel líquido que nos mueve en la vida, buscamos encontrarlo en el prójimo y nos empeñamos en sembrarlo por el mundo. Pero difícilmente podremos entregarlo si nuestro recipiente se encuentra vacío. Y vivimos una larga vida esperando que venga un otro a llenar nuestro cántaro de amor, sin darnos cuenta que nosotros mismos somos una fuente inagotable de esta energía. Y esa responsabilidad de mantenerlo a tope jamás ha estado en un otro, sino en nosotros mismos. Y cuando dicen que es imposible amar al prójimo sin amarte a ti mismo, se refieren al hecho de que el amor es una energía colectiva, que lo atraviesa todo y lo habita todo. Es imposible dividir la energía del amor que doy al prójimo del que me entrego a mí. Por lo que difícilmente podré habitar con soberanía este mundo si no siento lo suficiente por mí misma como para merecerlo. ¿Cuánto crees que durará ese ahínco por mejorar lo que está a tu alrededor, si lo que ves en el espejo no te inspira? 

¿Dónde crees que irá a parar tu esfuerzo por cambiar el mundo, si no te sientes merecedora del lugar que sueñas? La idea de entregar amor a nuestro entorno, por muy hermoso y necesario que sea, si no nace desde el autovalor, no perdurará en el tiempo. Y si lo hace, seguro que no tendrá el impacto que pudiese llegar a tener si la fuente viniese desde tu interior. Ello, porque la fuerza más profunda de movimiento, el agente de cambio más potente que puede existir, es precisamente el amor. Sólo lo que se mueve desde el amor puede trascender en el tiempo, y puede vencer el agotamiento que sientas a diario. No se puede olvidar la expresión: “cómo es adentro es afuera”. Lo que manifiestas en tu exterior no es más que el resultado de todo lo que cultivas dentro de tu ser, en tu consciencia, en lo que deambula entre lo que sueñas, crees, piensas, amas. Y mientras no te enamores profunda y completamente de ti misma, será muy difícil volcar esa energía a tu alrededor. Más que nada porque, para cambiar el mundo necesitamos muchos pequeños esfuerzos, constantes y reunidos entre varias almas que deseen lo mismo. Y esa fuerza para mantener la frecuencia necesaria, sólo vendrá desde el amor que tengas dentro tuyo. Uno entrega lo que es, y como no se puede separar lo que das de lo que eres en esencia, es imperativo que seas el amor que buscas en el mundo, partiendo contigo misma. 

Por ello es que creo que, la primera causa por la que se debe abogar, es aquella donde el amor nos gobierne por completo. Donde puedas mirarte al espejo y adorar a quien tienes enfrente. Que te sientas orgullosa del camino recorrido, sabiendo que todas tus decisiones fueron moldeando a quien hoy se presenta con tu nombre. Y que puedas perdonar tus errores con la contención de una madre, en vez de ser la jueza más tirana que haya existido. Donde te trates con amor, acunando a esa persona que se sabe humana, aceptando la vulnerabilidad como un valor agregado, no como una debilidad. Donde cada día seas tú la primera persona que luche por lo que amas, lo que sueñas, lo que necesitas, pero no por ganar algo externo a tí, sino porque te sabes merecedora de todo aquello y más. Porque debemos entender que cada uno tiene, no lo que merece, sino lo que cree que se merece. 

Así que si sientes que aún no te abuenas contigo misma, no te desanimes. Perdónate, ponte en marcha y confía en el proceso. Estamos sólo en el inicio del camino hacia construir lo que soñamos, senda que se inicia por el amor propio. Porque ya con el hecho de que sientas esperanza de que se puede lograr en el mundo algo mejor que lo que tenemos, muestra que esa pequeña niña dentro tuyo, esa que has abandonado por tanto tiempo, sigue viva. Sigue esperando que la busquen a la salida del colegio, y la lleven de la mano a su lugar favorito: entre tus brazos. Si no has abandonado la búsqueda, es porque no te has rendido a ese abandono. Es porque aún estamos a tiempo! De amar-te. 

De respetar-te. De escuchar-te. De contener-te. De despertar. Y a través de ti, despertar a otros. Y de tratarte mejor de lo que jamás te han tratado. Porque cuando lo logres, verás que toda esa expansión convertida en tu ser manifestará sólo amor hacia el prójimo. Hacia tu entorno. Hacia la tierra. Hacia el todo, que somos todos. Porque el mundo necesita seres soberanos de sí mismos, del amor Universal. Así que despierta todos los días con la intención de ser la primera receptora de todo ese amor que buscas ver en la Tierra. Encuentra instantes en el día para practicar sólo lo que te hace feliz. Agradece todo aquello que te regala gozo en el día a día. Permítete el tiempo de escuchar lo que tu alma grita; por lo general se asoma a través de lo que tu cuerpo intenta manifestar (y somos expertas en hacernos las sordas con sus peticiones). Y cuando logres amarte más de lo que te ha amado nadie, verás cómo ese amor se esparce por la tierra entera. Y generaremos un círculo virtuoso de buenas acciones, contagiando a otros en este camino de sanación, dando forma a ideas luminosas que nos unirán finalmente en consciencia plena. 

2 comentarios

  • Maravillosa reflexión.
    Gracias por el aterrizaje, uno comienza y no para.
    No disfrutamos el hacer, el camino de la vida.
    Y en momentos tan complicados que vivimos, nos pone alerta y respiramos inconscientemente…

    Así que ahora después de una profunda respiración estoy acá escribiendo desde el amor.

    Bessie
  • Me encanto!!! Es tan cierto lo que dices
    Sigue escribiendo sabes expresarlo directo de tu ❤️
    El AMOR empieza por uno y crea olas a tu alrededor
    Felicidades!!!

    Makika

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